A finales de 2022 iniciamos un Viaje en Familia de 7 meses por Sudamérica. Algunas personas nos dijeron que era poco tiempo y otros, por el contrario, nos preguntaban entre asombrados y extrañados que qué íbamos a hacer allí durante tantos meses. Si te interesa el Worldschooling no dejes de leer nuestro artículo: El mundo como Escuela (Worldschooling): la oportunidad de crecer como personas.
Foto 1: A un paso de llegar a El Chalten.
Para nosotros, aquel viaje no era ni largo ni corto, simplemente era nuestro «Gran Viaje», era tener la oportunidad de compartir en familia lo que más nos gusta: Nuestra pasión por explorar el mundo. Es curioso ver cómo la misma experiencia puede ser percibida de manera tan diferente según la persona.
Pero nos hemos metido de lleno en la historia y aun no nos hemos presentado. Somos una familia convencional, con trabajos normales y una casa donde nos juntamos al acabar el día. Siempre intentamos pasar el mayor tiempo posible juntos y en cuanto hay oportunidad, salimos de las 4 paredes, buscando el contacto con la naturaleza. A todos nos une una pasión que nos refuerza como familia; Viajar.
Y es que, esta gran pasión, ha sido la que finalmente nos llevó a compartir una de las mejores experiencias que hemos tenido en nuestras vidas.
1. Viajar en familia: un sueño hecho realidad. El mundo como Escuela (Worldschooling): la oportunidad de crecer como personas
Hace muchos años, cuando aún no había nacido nuestro hijo, realizábamos viajes estirando al máximo los días de vacaciones. Eran viajes lejanos, en los que únicamente contábamos con un billete de ida y otro de vuelta. Eran viajes llenos de ilusión pero también de incertidumbre, pues no sabíamos ni donde íbamos a dormir, ni las posibilidades reales de transporte y mucho menos, si íbamos a poder completar nuestra ruta. En aquella época internet estaba todavía en pañales y no había para bien o para mal, tanta información como ahora… Lonely Planet era nuestra biblia.
Tampoco era frecuente encontrarte con otros viajeros con los que compartir anécdotas o recomendaciones y no era extraño alojarnos en lugares o lo que es peor, subirnos a algún medio de transporte, que solo la «bendita e inocente» juventud lo hacía admisible.
La comunicación era un lujo en aquellos tiempos. Fue en esta época cuando surgió el blog VayaViajecito cuya principal función en sus orígenes era decir un: Hola ¿Qué hay? para que nuestros padres durmieran tranquilos hasta el siguiente cibercafé. Con el paso del tiempo, el blog fue evolucionando y hoy por hoy es un lugar donde volcamos toda la información que nosotros consideramos relevante en nuestros viajes, así como una forma de ayudar o inspirarse a otros viajeros.
Fue en uno de esos viajes cuando el sueño de cogernos un año sabático y dar la vuelta al mundo cobró vida. Que de horas estuvimos hablando sobre esa idea y cuantas ilusiones se crearon. Sin embargo, cuando llegó el momento de la verdad, el miedo a perder los trabajos nos frenó en seco y aunque aparcamos la ilusión en un rincón de nuestra mente, la idea siempre estuvo presente en nuestro corazón, aunque adormecida.
Foto 2: Recorriendo Bali en Moto.

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El Nacimiento de nuestro hijo
Con el nacimiento de nuestro hijo, la ilusión de realizar un viaje volvió a surgir con fuerza, pero las motivaciones habían cambiado. Hay que ver como los hijos nos mejoran como personas y dan un nuevo sentido a nuestra vida. Ya no se trataba de acumular destinos, sino de compartir experiencias significativas en familia, explorando el mundo juntos y enriqueciéndonos mutuamente. Lo importante, era compartir nuestras vidas con las personas que fuéramos conociendo y aprender de ellos.
Foto 3: Disfrutando de una comida en un pueblo perdido de Croacia.
1.2. En busca de nuevos horizontes: un viaje que comenzó en medio de una crisis. El mundo como Escuela (Worldschooling): la oportunidad de crecer como personas
El sueño de un Gran Viaje fue madurando con el tiempo hasta que, un día, decidimos tomar una decisión y fijar una fecha. Wow! Estábamos de nuevo en la cresta de la ola, nerviosos, con miedos y nuevas dudas, pero con mucha ilusión… Y entonces, sin que nadie la esperará, irrumpió la pandemia COVID del 2020. Y entonces, nuevamente, las ilusiones se volvieron a resquebrajar.
Menudo golpe… con lo que cuesta tomar una decisión de este tipo y ZAS, al tomarla, aprendes que no siempre todo depende de ti. Pero en esta ocasión algo era distinto, la ilusión truncada no era debido a nuestros miedos, sino a una causa externa y aunque fue un tiempo de incertidumbre en los que no sabíamos cuando íbamos a poder viajar (casi dos años), estuvimos esperando, nos mantuvimos presentes en la decisión.
Una vez se empezaron a vislumbrar luces al final del túnel, cuando vimos que se abrían las fronteras con ciertas garantías, pusimos la fecha a 4 meses vista, como si no quisiéramos dar tiempo a la diosa Fortuna para que alterara nuestra suerte o destino nuevamente.
Tras barajar varias opciones, Sudamérica se impuso por sí sola. La posibilidad de poder relacionarnos con las personas con mayor facilidad, de reencontrarnos con antiguos amigos de la época universitaria y descubrir el brutal escenario natural de esas latitudes nos lo puso fácil. Otro factor importante para decidir Sudamérica fue el de disponer de una Camper. Vimos la oportunidad de embarcarla y no lo dudamos.
Con la Camper se nos abría un nuevo escenario más flexible y repleto de vivencias y es que, en una camper o autocaravana, se hace más vida fuera de ella que dentro, ¿Qué mejor manera de conocer un lugar y a su gente?.
Foto 4: Magic Bus (Desierto de Atacama – Chile).
1.3. Flexibilidad y paciencia: las claves para organizar un viaje en familia. El mundo como Escuela (Worldschooling): la oportunidad de crecer como personas
Organizar un viaje tan largo y con las características que queríamos en 4 meses fue una locura y nos puso a prueba a todos, tanto individualmente como en familia. Teníamos que dar lo mejor de nosotros y sobre todo, tener paciencia y empatía con los demás.
Una de las primeras cosas que hicimos fue crear una lista de Cosas Qué Hacer (CQH). Aun recuerdo como aumentaban las tareas a pesar de realizar más de una todos los días. Fue un periodo de tiempo en que tuvimos que tomar decisiones rápidas para que cuadraran los plazos, aunque suponía que en mas de una ocasión, no se le dedicara el tiempo que requerían.
Paralelamente a las diferentes tareas que realizábamos trazamos una ruta con aquellos lugares que queríamos sí o sí visitar. El sentido del recorrido vino determinado por encontrarnos el mejor clima posible principalmente. Hoy por hoy, no nos podría haber salido mejor.
Foto 5: Piedras Rojas (Desierto de Atacama – Chile).
2. El mundo como Escuela (Worldschooling): la oportunidad de crecer como personas
A menudo, cuando compartíamos con amigos y familiares nuestros planes de viajar con nuestro hijo, nos encontrábamos con miradas de preocupación. Nos preguntaban principalmente si no temíamos que se retrasara en sus estudios. Sin embargo, para nosotros, esta experiencia era una oportunidad inigualable para su aprendizaje y desarrollo integral, fomentando su curiosidad, su capacidad de adaptación y su comprensión del mundo en el que vive.
Cómo no lo íbamos a ver así, si cada viaje que hemos realizado ha sido una ventana al mundo, una oportunidad para aprender de manera práctica y significativa, recorriendo escenarios históricos y naturales que solo conocíamos por los libros de texto, observando en su hábitat natural a los extraordinarios animales que comparten el mundo con nosotros, conviviendo con las personas locales, con una visión diferente a la nuestra, aplicando al mundo real las matemáticas que aprendemos en el estudio, disfrutando noches sin más compañía que las estrellas, superando retos tanto individuales como en familia, aprovechando las horas muertas cultivando la paciencia y leyendo…cómo no lo íbamos a ver así si el aburrimiento se convierte en algo bueno y positivo, un tiempo para encontrarte contigo mismo.
Y es que desde antes de cumplir el primer año, nuestro hijo ha viajado con nosotros y hemos visto y experimentado que cualquier viaje es una oportunidad para aprender a través de experiencias prácticas, proyectos y la propia vivencia de las diferentes situaciones que aparecen de manera natural, así que 7 meses de viaje se nos planteaba como un aprendizaje brutal.
Foto 6: Maravillados ante la belleza de El Chalten (Argentina).
El Viaje
Nuestro Gran Viaje se inició en Uruguay, donde recogimos nuestra Camper en Montevideo. Desde allí pasamos por Argentina, Chile, Bolivia y Paraguay, para finalizar nuevamente en Uruguay desde donde embarcaríamos nuestra casa rodante con destino a Europa. Los últimos días los dedicamos a conocer Buenos Aires, donde tomamos un avión rumbo a España.
En cada uno de los países que visitábamos siempre dedicábamos un tiempo a explorar su cultura e historia. Nuestro hijo, en su diario viajero, anotaba los aspectos más relevantes de cada país, y pronto descubrió y se familiarizó con los diferentes acentos de un idioma común, el rico vocabulario local, las particularidades de cada moneda y a apreciar las contrastadas realidades económicas.
No dejábamos de visitar museos, monumentos, sitios geológicos, arqueológicos y paleontológicos. Lugares dónde aprendíamos todos a través de experiencias únicas, prácticas y reales. Conociendo de primera mano yacimientos paleontológicos como en Argentina, dónde vimos el fósil del Giganotosaurus carolinii, el mayor depredador terrestre que ha existido en la Tierra o en Bolivia, dónde disfrutábamos de una tarde observando las huellas fósiles de decenas de dinosaurios del Cretácico superior.
Foto 7: Ventisquero Colgante (Carretera Austral – Chile).
Recorrimos, dormimos y vivimos experiencias únicas en Parques Geológicos o ecosistemas de gran belleza como Ischigualasto, Talampaya, Iguazú, Desierto de Atacama, Salar de Uyuni, etc. De pronto, los diferentes animales que habíamos visto en películas o solo oído en relatos, emergieron ante nuestros ojos: pingüinos, llamas, guanacos, ñandús, cóndores, focas y leones marinos, e incluso un puma (o eso asegura nuestro hijo que vio).
Foto 8: Sierra Hornacal (Argentina).
Foto 9: Isla de Pascua.
El mundo tal como es: una educación sin filtros
Ante nuestros propios ojos emergieron aspectos tan cotidianos como camuflados en nuestra sociedad; la desigualdad, los problemas medioambientales y raciales, la vida de los niños en otros lugares… Cómo no va a percatarse nuestro hijo de la realidad de su entorno si su día a día discurre en un mundo real, fuera de las 4 paredes de un colegio o sociedad en donde todo está homogenizado y edulcorado, participando diariamente en conversaciones, relacionándose o resolviendo los problemas que van surgiendo a lo largo de un recorrido por un escenario cambiante.
Se podría escribir muchas historias sobre este tema. En Santa Cruz, mientras cambiábamos las pastillas de freno, fuimos testigos de una realidad cruda y violenta. El gerente del taller, sin inmutarse por la presencia de nuestro hijo, expresó su odio hacia los pueblos originarios. En La Paz y Potosí, la presencia de niños trabajando y pidiendo limosna nos conmovió profundamente, pero también nos permitió conocer historias de vida increíbles. A lo largo de la carretera, no era difícil observar como muchas personas lanzaban la basura directamente a los barrancos y no era extraño recorrer cientos de kilómetros con basura tirada por todos los lados…
Pero también descubrimos la calidez y la generosidad de las personas que nos han dejado una huella imborrable en nuestros corazones. Como la noche que sufrimos un accidente en la selva y un extraño nos brindó su ayuda, permitiendo que pudiéramos continuar nuestro viaje (esta anécdota da para un artículo). O como la invitación de una familia argentina para celebrar la Navidad junto a ellos, compartiendo una mesa repleta de asados y buena gente o el ofrecimiento de una familia uruguaya de compartir los últimos días del Viaje junto a ellos, abriendo las puertas de su hogar… fue un regalo inolvidable. Estos momentos especiales nos demostraron que los lazos humanos son más fuertes que cualquier barrera.
Foto 10: Disfrutando de una comida en casa de Maria en Lontué (Chile).
Sembrando recuerdos, cosechando experiencias: un viaje que marca para siempre
Siempre recordaremos aquellos lugares únicos que nos impactaron por su esencia y aquellos donde realizamos rutas que fueron un reto tanto personal como en familia; rutas por escenarios increíbles y espectaculares, a los pies de volcanes, glaciares o majestuosas montañas. Lugares impactantes que aprovechábamos para hablar de sus ecosistemas y los retos a los que se enfrentan. El Chalten, Torres del Paine, Ojo del Albino, Osorno, Isla del Sol, la Carretera Austral o la Isla de Pascua… dejaron de ser un mero nombre y pasaron a formar parte de nuestra vida personal.
Foto 11: Glaciar Ojo del Albino (Tierra del Fuego)
Creemos firmemente que un viaje es una experiencia transformadora para todos, en la que todos los miembros de la familia aprendemos sobre el mundo en el que vivimos. Pero sin dudarlo, creemos que un viaje aporta a un niño la oportunidad de aprender a valerse por sí mismo, desarrollando habilidades como la independencia, la adaptabilidad y la empatía, habilidades que les serán útiles en la vida adulta.
En un mundo cada vez más globalizado, en donde cualquier asunto, materia u objeto tiende a la uniformidad y superficialidad, limando cualquier diferencia para hacerlo un consumible más del gran público, un viaje es una oportunidad para aprender y crecer como personas, conociendo otras realidades, culturas y formas de vivir.
Foto 12: En Torres del Paine (Patagonia Chilena).
3. El Mundo como Escuela (Worldschooling): La Oportunidad de Crecer como Personas
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