Atrás dejábamos la Indonesia musulmana, ya no oíamos los rezos en las mezquitas y dábamos paso al hinduismo de Bali.

Esta isla es sinónimo de turismo, pero Bali también es ver cometas en el cielo, templos en cada casa, verdes de todas las tonalidades, mar, playas, campos de arroz, niños y mayores saludándote y ofrendas a los dioses en forma de hoja con florecillas y arroz por doquier.

Ubud es una pequeña localidad que se ha expandido para absorber a los pueblos vecinos y convertirse en un foco turístico de gran importancia en Bali, pero que a diferencia de Kuta todavía refleja en cierta forma el carácter local y la cultura balinesa.

Nosotros llegamos pensando en pasar 3 días y al final lo ampliamos un días más y es que es fácil que el tiempo pase sin darte cuenta.

El centro de la localidad está repleto de restaurantes, cafés y tiendas enfocadas al turismo, pero además los alrededores también ofrecen buenas vistas de campos de arroz y algún que otro paseo interesante.

En uno de ellos, sufrimos el efecto lonely planet, los lugareños, sabedores de que muchos turistas emplean esta guía, esperan obtener algún beneficio como guías esperando en los paseos que se recomiendan, resulta agotador darles esquinazo.

En una de las sendas que atravesaba el pueblo  de Penestan tuvimos que pagar a una campesina para poder pasar por el camino que discurría por sus campos, lo tenía bien organizado, con una valla y una puerta de juncos, al estilo del guardián del puente.

Una de las calles, Monkey Forest Street, da acceso al bosque de los monos, un pedazo de jungla bastante trillado aunque mantiene el misterio de zonas con densa vegetación, escasa iluminación y arroyos.

También hay varios templos y alguno recuerda a los de Indiana Jones. Los habitantes y reclamo de este rincón de jungla son los monos, que a más de uno le han quitado alguna prenda llamativa.

Una de las noches fuimos a ver un espectáculo de danza balinesa. Ubud, es la ciudad donde más grupos y escuelas hay.

Existen varios estilos y se trata de una mezcla de danza y teatro, donde las manos, dedos, muñecas, cabeza y ojos realizan movimientos de muy difícil coordinación.

Llegan a ser tan expresivos, que es complicado dejar de seguir la mirada de los bailarines. Nos encantó, fue una danza muy diferente a lo que conocemos y repetiríamos. La danza que elegimos nosotros fue Legong.

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