En 2009 hicimos un viaje que cambio nuestra forma de viajar y de ver el mundo en el que vivimos. Es cierto, que con anterioridad, yo ya había realizado algún que otro viaje mochilero, pero siempre dentro del continente europeo, siempre dentro de la “comodidad” de saber que, en cualquier momento, podía regresar a casa sin mayores problemas, comer en un restaurante en condiciones y por supuesto, alojarme en un hotel con una cama decente si lo necesitaba.

El viaje a la India rompió con todo lo anterior, habíamos leído sobre el tema en guías, pero no había como en la actualidad, blogs de viajes que narraran las experiencias de viajeros por libre, en los que te contaran de primera mano, como se habían sentido por esas tierras y como se habían desenvuelto.

Desde la perspectiva que te da el tiempo, creo que no fue un acierto que la India, fuera el primer viaje mochilero fuera de Europa, sencillamente, no estábamos preparados para lo que íbamos a encontrarnos allí, al menos yo, y eso impidió, que pudiéramos disfrutar de toda la belleza e idiosincrasia de ese gran país.

Desde el primer día, la India te recibe con una bofetada en toda la frente, un calor intenso y un olor a una sustancia que no logras reconocer, impregna todo el país, tu ropa y acaba en tus huesos.

La gente te mira, te vuelve a mirar y por si acaso no te has dado cuenta, te remira. No puedes pararte, porque entonces cada 5 segundos se te acerca una persona para preguntarte algo, ponerse a tu lado, o simplemente mirarte. Si estas más de 5 minutos en el mismo sitio, ya tienes un grupo de individuos que te rodean, aunque no te digan nada y bajar de un autobús en la estación, implica tener a 4 o 5 personas que te siguen sin parar de hablar, ofreciéndote un gran hotel, que no deja de ser una habitación cutre y sucia y que únicamente desaparecen, cuando ya has elegido alojamiento.

El desorden impera en el país, aunque increíblemente todo funciona, a su ritmo, pero funciona, o mejor dicho, fluye. La suciedad, la mugre, la basura por doquier y el color tierra, dominan el paisaje, en contraste con la ropa de su gente de gran colorido… y los baños, ay los baños indios, una vez entras en ellos, cualquier cosa que te encuentres en otros viajes, por cutre, por sucio que sea, te parecerá un spa comparándolos con los Indios.

Y sin embargo, regresaría. Una vez dejas el desconcierto de los primeros días, los prejuicios iniciales, te adentras en una intensa experiencia, en la que no tienes tiempo de pensar en el mañana, todo es presente, real, fuera de toda superficialidad. Su gastronomía, rica en influencias de medio mundo, es tan variada, que raramente te dejará indiferente, y ya seas vegetariano o no, sus platos nunca te harán echar de menos la carne. Cada rincón guarda algo único que te llama la atención, que en Europa sería un performance y allí, sencillamente es la realidad del día a día, lo que te hará cuestionarte la “normalidad” de tu mundo. Creo que la India es un gran país, con un pueblo amable en su mayor parte y una espiritualidad de la que tenemos mucho que aprender y creo que mas pronto que tarde… regresaré.

Escrito por: Raúl

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 9 Promedio: 4.9)
Share This